domingo, 2 de enero de 2011

Reflejo Rosa


Leía hoy el "El País Semanal" un reportaje donde diversos escritores escudriñan las raíces del por qué escribir.
Si lo extrapolamos a la creación en general, yo, aparte del contundente y directo "porque sí", honestamente me debato entre el "porque me divierte" y "porque lo necesito".
Y es que soy más bien vulgar.

Pero hay todo un mundo alrededor de la creación del que no puedo desprenderme: Vanidad, huida, necesidad, riesgo o aburrimiento.
Y al final acabo que no paro, sin preocuparme nada en el por qué.
Esa es la verdad.

Pero acostumbrado como estoy a mis historias, a mi mesa de dibujo y a mis obsesiones, poder compartir el trabajo creativo es doblemente estimulante.
Es lo que me ocurre con Yaumate.

Yaumate fuimos, somos y seremos mucha gente. Unas veces más y otras menos.
Somos, fundamentalmente, amigos. 
Y compartimos, entre varias, una afición, una afección, una querencia llamada cine.
Por eso reunirse para rodar, como llevamos haciendo más de veinte años, es un verdadero lujo.
Se debate, se improvisa, se tira por la calle de enmedio, se perfila, se ajusta.
Hemos ido aprendiendo, serán los años, pero afrontamos cada nuevo reto con las mismas inseguridades. Inseguridades de las que el cine, especialmente, no podrá nunca desprenderse.
Y cómo nos gusta.

"Reflejo Rosa" nació como una idea sencilla (lo más sencilla posible) y queríamos contarla lo más fácil y fluido que pudieramos.
Con Antonio Jaime y Mariano Ibáñez nos pusimos manos a la obra y ayudados también por Jose A. Jimena rodamos en dos días. 
Trilobites nos compuso la banda sonora. Muchos amigos más nos echaron una mano.
Hay bastante de ese sello "Yaumate" que nos ha acompañado estos años. 
Sigue habiendo ilusión, cierta temeridad, desvergüenza y algo de poso contenido.
Habrá fallos, mejoras que se quedaron en el tintero y otros finales posibles. Siempre ocurre.
Pero terminado está y uno tiene que sentirse contento.
Lo que aprendimos, lo que nos divertimos, la necesidad interior que matamos por un rato, las ganas de volver a empezar para hacerlo mejor la próxima.
Todo eso está ahí.
Y seguiremos dando guerra.
Dadlo por descontado...