miércoles 21 de marzo de 2012

Para un buen desayuno



Y para el ayuno sí, con uno basta.

lunes 19 de marzo de 2012

Dejad que los ojos se acerquen a mí











Siempre me gustó acercarme.
Y menos alguna que otra regañina, solo me trajo satisfacciones.

Uno, como observador, entra en un museo y ya hay algo ahí, entre el silencio, que te emociona, que te subyuga, que te atrapa y no te suelta.
Es en gran parte esa solemnidad contra la que también lucho, pero que en esos templos te sobrecoge invariablemente.
Y uno, en ese entorno, se llena de respeto pero también se curiosidad.
Y se acerca.
Siempre me hubiera gustado tocar un Paul Klee, oler a Picasso, acariciar un Caspar David Friedrich.
Pero entiendo que no se puede.
Así que me contento con acercarme hasta donde los límites reglamentados me lo permiten.
Me acerco con curiosidad y respeto, sabiendo que en la textura están muchos de los secretos.

Cuando viajo, como siempre llevo la cámara encima, ocurre lo mismo pero por momentos la lente (más fina, más puñetera) sustituye a los ojos.
Y en ese relieve aparece la magia.
He aquí unos ejemplos.

domingo 18 de marzo de 2012

Donald Draper (6 y 6)



Donald Draper nació de pie en un alambre, hijo de la pasión fugaz e incontenida de un paquete de cigarrillos con una lavadora que tenía capacidades masturbatorias, y adoptado no sin recelo por un guionista de Hollywood, de los pocos solteros que quedan en el lado impar de Sunset Boulevard.
Y le llamaron Don.
Enseguida creció sin jugar al fútbol y se hizo tan mayor que a los seis meses las camisas blancas talla L empezaron ya a quedárseles pequeñas.

Él siempre quiso ser real, pero se vio abocado a una vida desparramada entre las palabras escritas en un Molesquine y las reuniones cargadas de humo y whisky que su padre tenía con la gente que a pesar de llevar vaqueros guardaba en el banco cuentas de millones de dólares.
Pero a cambio de aquella sordidez creativa nunca hubo una arruga en sus trajes, nunca un despeinado en su mirada, nunca una grieta en su alma, nunca un desagüe conectado a su mesa de escritorio.
Y supo sacar provecho para pedirlo todo, para quererlo todo, para acabar teniéndolo.

Una vez encargó a una agencia anuncios que magnificaran su pasado pintándolo de ocres y cubriéndolo de estaño, pero aquella campaña quedó congelada en Montreal por falta de presupuesto y nunca se llegó a emitir más que proyectada desde una segadora.
Tuvo en sus manos, allá por los setenta, una botella de vino que degustó con tanta pasión y cinismo que del Molesquine de su padre nació un árbol que cubrió Nevada de flores color violeta.
Y una vez más la moqueta, casi sin querer, salvó su vida.

Lo mejor de la biografía de una mentira es que siempre está por descubrirse.
Lo mejor de la biografía del aire, de los reflejos en los cristales, de las corbatas oscuras, de los cajones con pistola o de las meriendas en hules de cuadros es que no sólo desconocemos el final sino que podemos reescribir el pasado.

Y entonces fundiríamos a negro, o mejor encadenamos, y tenemos a Don Draper, que nació a la pata coja, sobre un hilo de pescar, hijo de la pasión fugaz entre una máquina de escribir Underwood con un palo de golf venido a menos, y adoptado no sin recelo por un dibujante de story board, de los muchos que pueblan los bares de Los Ángeles...

sábado 17 de marzo de 2012

De frente es como mejor se piensa











Cuando el dibujo surge de la misma piedra nada hay que uno pueda hacer.
Si acaso dejarse llevar por el trazo y tratar de moldear un poco, imitando torpemente a la escultura.
No sé si sacar la luz es lo mismo que buscarla, pero alguna vez el dibujo se convierte también en eso.

Quizá todo esto sea porque hace poco soñé con Roberto Matta y de algún modo su recuerdo (como tantas veces) ha vuelto hoy a mi mano.

viernes 16 de marzo de 2012

jueves 15 de marzo de 2012

El caracol bombero y sus tres hermanos




Aquí está.
Con todos ustedes, "El caracol bombero y sus tres hermanos".

Para mí, terminar un cortometraje siempre fue sinónimo de empezar otro. Aunque tarde meses en empezar realmente, es acabar la última historia, el último render y mi mente vuela ya en busca de nuevos retos, nuevas posibilidades.

Siempre pasa lo mismo y con este cortometraje no fue diferente. Poco tiempo, afrontarlo solo, compaginarlo con mil cosas, rozar y sobrepasar los tiempos pactados.
Pero cuando se acaba ahí está, y como digo siempre, todos los calendarios rotos han merecido la pena.

Si me tengo que quedar con algo de este cortometraje es con la voz de mi hermana. Cada vez que la escucho me gusta más y la locución solo tiene sentido tras su registro.
La próxima vez, con más tiempo, tendremos que hacer algo a la altura de sus inflexiones.

Por lo demás poco que contar.
Esta es la historia de el caracol bombero y sus tres hermanos.
Con un mucho de esas historias donde el rey pedía a sus tres hijos un imposible que les lanzase como viaje iniciático.
Con algo también de esos Cronopios, famas y esperanzas de Cortázar, donde cada uno es en función de cómo afronta determinadas circunstancias.
Con mucho de la poca animación y la desvergüenza ya tradicionales en mis historias.
Pero con la misma ilusión de siempre porque algún día haremos algo en condiciones.
La misma ilusión que Percata, vamos.

miércoles 14 de marzo de 2012

Caracoles







Ya iba siendo hora.
Había postergado (por pereza, por despiste) el estreno de mi último cortometraje (que pudo verse proyectado en la novena edición de Cortos de Vista, allá por diciembre) y ya tocaba.
Será mañana.

Hoy, simplemente, para abrir boca, dejo unos dibujitos que, a modo de story board, realicé para dicho cortometraje.
Me resulta curioso, ahora que lo pienso, la libertad (y la naturalidad con que uno la asume) que da el hecho de trabajar solo.
Puedes hacer un story bastante alejado de las convenciones de los mismos, pues no es necesario una normalización del lenguaje desde el momento en que el único que te va a leer, el único que te tiene que entender, eres tú mismo.

Así pues nada de numerar planos, ni siquiera las hojas.
Nada de especificar direcciones o acción en las viñetas, nada de hacer coincidir la voz en off, nada de señalar movimientos de cámara, fundidos o encadenados.
Para qué si yo ya sabía que eso estaba ahí.
Es, supongo, lo bueno o lo malo de tener el cortometraje en la cabeza.
Es, supongo, lo que conlleva realizar historias sencillas, mil veces soñadas antes.

Así que sí que me resulta curioso, ahora que lo pienso, ver estos pequeños dibujos que no llegan ni a bosquejos y darme cuenta de lo asombrosamente parecidos que acabaron siendo al resultado final.
No podía ser menos, tratándose de caracoles.

Será mañana, ya digo: El caracol bombero y sus tres hermanos esperan ya, todos impacientes menos el bueno de Percata...



Busco relación



Compromiso se las lleva
con promesas vanas
que no cumple.
Así que compro miso
y hago sopa
para soñar, qué menos,
con el estómago caliente.


martes 13 de marzo de 2012

Pájaros XCIV











Lo bueno de los pájaros es que de tanto que vuelan y emigran casi no que hace falta dibujarlos.
Me gusta más pensarlos que trazarlos, sentirlos que tenerlos.
Los imagino y con eso basta.
Luego ellos se dejan querer, claro, y se asoman traviesos cuando menos te los esperas.
Los martes, sí, sin ir más lejos.

lunes 12 de marzo de 2012

Viaje a Brasil VII















Tan variado como lo recuerdo.
Cada vez que abro la carpeta de las fotos de Brasil no encuentro orden ni concierto, y me abrumo entre playas, selva, casas, gente, mares y mercados.
Lo mismo paseo por la orilla de una cala, que subo al Pao de Azucar, que miro a la gente que a su vez observa.
Las cataratas caen, el cielo sube.
Brasil y sus imágenes emergen con cierto grado de frustración, a sabiendas de su propia imposibilidad de recoger la variedad que se quedó en aquella tierra.

domingo 11 de marzo de 2012

Mañana empiezo CXXX







Domingos que se sueñan en la duermevela.
Domingos de película muda y silencios.
Domingos de manos,
domingos de lunes que no llegan.
Domingos de óxido y azufre,
de versos y sudor.
Domingos que se sueñan valientes
y se despiertan de tanto asombro.

Eduardo Galeano (7 y 7)



La señorita Lidia Esther Galeano, preñada a la mala, se niega a dar el nombre del autor de su deshonra. No tiene sol el cielo, inmenso techo de estaño, ni tiene la tierra fogatas que la caliente.
Eduardo Hughes Roose, que acabaría siendo el padre de Eduardo Galeano, nunca quiso cobrar nada por enseñar a los pobres a leer y a defenderse de las langostas y de los terratenientes tragones.

En este entorno chiquitito, el hijo de Hughes y Galeano ha pasado sus primeros cinco años de vida armando y desarmando enormes bichos de hierro y bambú que a la noche se dormían provistos de alas de gaviotas, de aletas de pez, y que amanecían convertidos en libélulas o patos salvajes.
De esta manera cae en sus manos un libro de Historia y decide hacerse fabulador de las mismas.

En su juventud tiene la calle por casa, ronco de tanto gritar, y hace el amor de tan hondísima manera que después se queda dormido.
Hace como que va pero viene. Hace como que viene, pero va. Y así aprende, prendidas en sus venas, que no hay magia más prodigiosa y deleitosa que el viaje que conduce, realidad adentro, cuerpo adentro, a las profundidades de América, donde el surrealismo es natural como la lluvia o la locura.

Igual que le ocurría a Onetti a veces se levanta y escribe alaridos que parecen susurros. Acaba siendo un inventor de vida, ya sea propia o ajena, aprendiendo a ver en los charquitos de la calle.
Cada vez que escribe canta, y cada vez que canta , canta como nunca. Tiene palabras de colores, notas oscuras y letras opacas.
Se duerme en el aeropuerto de Medellín, bloquea peces voladores en los arrabales de Bogotá o toma café con bizcocho en un restaurante de París.
Quiso volar a Nueva York pero señaló las casillas equivocadas.

Un día de enero decide que ya basta de tristear la pena negra y al querer conocer alguna mujer de cuello de estrellas y ojos de Murano acaba casándose con tres, que le producen melancolía, una fuerza infinita y la visión de unas lianas entrelazadas como cuerpos ávidos.
Crea obras calientes de pasión al ritmo de los artículos que lee de la gente de la calle, y observa las paredes de Montevideo, que siempre le hablan con retórica contundencia.

Caminó el solitario Galeano, observador gozoso, al borde del abismo de la condición humana, humanismo mismo, entre dos mundos que le dividían el alma.
Muchas avalanchas de angustia le cayeron encima, peores que cualquier alud de lodo y piedras, pero nunca, para nuestro goce, fue derribado.

Y sus letras siguen fluyendo, cual venas en la piel prendida de versos.


(la mayoría de los textos usados para elaborar esta biografía apócrifa fueron escritos, en su mayoría, por el propio Galeano)



viernes 9 de marzo de 2012

jueves 8 de marzo de 2012

Género



Porque más que deconstruir
uno quiso siempre
construir
sin necesidad de fronteras o espejos.