domingo, 23 de mayo de 2010

365 irrefutables razones que nos llevan a pensar que el mundo no es redondo sino plano XXXIX



267) Porque el bueno de Dios, en su taller de hacer planetas situado en la Calle Gaviria número 11, tenía lo que él venía en llamar "el armarito de la inspiración".
El día que entró aquel noruego despistado, que estaba casado con Herminia Alaminos, la hija del alcalde de Vélez, a encargarle que hiciese la Tierra antes de la romería del jueves, Dios no estaba digamos que en su mejor momento. 
Fue por eso que se acercó al armario, lo abrió, y allí sólo había tres cosas: un melocotón podrido, la hucha de su hermano pequeño, y un dvd con la serie completa de "Flying Circus", de los Monty Python's .
Cuando fue en busca del martillo pensando en la de chucherías que se iba a comprar esa tarde -ay, pillín-, ya tenía claro con qué forma y qué contenido le iba a hacer al noruego ese la tan renombrada Tierra...

268) Porque si el mundo fuese redondo, todo el mundo sabe que el símbolo infinito hubiera sido el de unos círculos concéntricos que parecen espirales, no el de una línea que se enrosca sobre sí misma.

269) Porque en el mundo de los alimentos, incluso cosas tan lamentables como los cacahuetes o las habas necesitan unas cáscaras o unas vainas que les den consistencia.
Con nosotros pasa lo mismo.
Puede que muy en el fondo de cada una de nuestras almas palpite un corazón cuasi esférico, pero sin duda necesita de un cuerpo que lo sustente, que lo mueva, que lo proteja, y que vaya poco a poco desgastándose con el devenir de los días, con el devenir del viento, que todo lo erosiona.

270) Porque si no que se lo digan a las limpiadoras y algún que otro limpiador de la ONU, que recogen, lavan, planchan, doblan y guardan las banderas de todos los países.
Que se atrevan a explicarles cómo serían las banderas esféricas... ¡En qué armario cabe!

271) Porque igual que los seguidores del Islam adoran y viajan a la Meca, yo, siguiendo esos principios conversos de Gabriel y Galán, pienso que la razón última de ser de ese tubérculo llamado patata (de las grandes, de las chicas, de las redondas y de las alargadas) es acabar convertida en tortilla.
Aunque dejo constancia de que la tortilla de patatas no es un mundo, es todo un universo...

272) Porque una de las mayores metáforas del Universo la conocemos mejor que nadie los y las estudiantes de Bellas Artes.
Esa metáfora se encuentra encerrada en la inauguración como Dios manda de una exposición.
En una inauguración, los displicentes camareros son las órbitas del azar, las bandejas de canapés el magma espacial, los canapés -evidentemente- son los planetas (tan iguales, tan distintos, con una base sólida y cositas ricas por encima), las bebidas -preferiblemente cerveza- son las estrellas, la lluvia, el mar y la luna, y los gorrones ávidos de cenar por la patilla y nada interesados en la exposición en sí, sino en coger sitio para ser cruzado por la siguiente órbita, palpar el magma y comerse un planeta, los gorrones somos nosotros, los estudiantes de BBAA, (metáfora a su vez de los habitantes del planeta, que se devoran a sí mismos).

273) Porque la única manera seria y responsable de comerse tanto el pepino como el fuet, es con sal y a bocados... (to my friends)