domingo, 15 de septiembre de 2013
sábado, 14 de septiembre de 2013
365 irrefutables razones que nos llevan a pensar que los mayas tenían razón y el fin del mundo llegó el 21/12/12 (XXXVI)
246) Porque ha muerto Jimmy Fontana, el autor de "El Mundo".
Murió como uno de esos hombres que tristes se dejan llevar tras la muerte de su amada.
Murió el mundo, a finales del 2012, y sin que haya pasado un año Lucio se nos fue, con la esperanza de encontrarse juntos y bailar entre nubes de plástico.
247) Porque los mundos son como las personas. Nacen, se reproducen y mueren. Y ahí me tienes a Mercurio diciendo que si es hijo de la Tierra, que si quiere heredar, que si prueba de ADN, sin hacer caso a ese abogado de Illinois que mantiene que la Tierra hizo un testamento oral donde legaba todo a las hermanas Jurado y su perro Toni.
248) Porque Phill Travis Johnson, experto en marketing publicitario de televisión, elaboró una teoría exponencial que acabó siendo conocida como "la curva el Felipe" debido al pasado dominicano de su madre. En dicha teoría, Phil explicaba que el sensacionalismo en televisión tenía un marcado componente progresivo en curva, y que de un bofetón se pasaba a una masacre de 10.000 personas sin ningún tipo de rubor, todo por la audiencia.
Así que cuando los asesores de la NBC decidieron mandar a Tobías Méndez a cubrir un seísmo de que había destrozado gran parte del Amazonas, muchos ejecutivos frotaron sus manos ávidas en espera de cuál iba a ser el próximo paso.
Y mira tú.
249) Porque vino un mago y dijo nada por aquí, nada por allá.
250) Porque el cambio climático afecta a cada uno como lo afecta. Al mundo en sí, acostumbrado a navegar por el espacio con indolencia y rotaciones propias, a la brisa de alisios que la despeinaban, tantísimo calor incluso para invierno lo desesperaba. Así que aquel diciembre de 2012, tras una siesta a destiempo, la Tierra se levantó de la cama sin saber qué día, qué año era. Intentó subir la persiana para dar algo de luz a la tarde y tropezó con la alfombra, la maqueta del Halcón Milenario que le había regalado Plutón y unos envoltorios de magdalenas que sin duda no deberían estar ahí. Y el pico de la mesa, ese maldito pico de la mesa de dibujo hizo el resto.
251) Porque is the final countdown.
252) Porque Hugo Barquero quiso comprar el Sistema de Adrómeda, que, gracias a la crisis interplanetaria provocada por la voracidad capitalistas de estrellas muertas antes de tiempo, salía muy barato.
Para eso se puso una camiseta del Che, alpargatas negras y unas Ray-Ban. Cuando estrechó la mano de los antiguos propietarios, dos patos de Albuquerque, le dio un poco de lástima aprovecharse así y dejarles sin nada, así que de propina les dejó la Tierra.
Lo que Hugo no sabía es que los patos de Albuquerque pinchan planetas con sus picos, con sus pelos, con sus patas.
viernes, 13 de septiembre de 2013
jueves, 12 de septiembre de 2013
miércoles, 11 de septiembre de 2013
martes, 10 de septiembre de 2013
viernes, 6 de septiembre de 2013
jueves, 5 de septiembre de 2013
miércoles, 4 de septiembre de 2013
martes, 3 de septiembre de 2013
lunes, 2 de septiembre de 2013
De agua y explosiones
Las imágenes vienen de la mano de sus propias capacidades, y las que no traen de fábrica, se las adjudicamos y punto.
Hoy quería que al menos una fotografía me refrescase, que falta hace, y en caso de no ser posible que me explotase en la cara y luego ya veríamos.
Si luego va y todo me resulta lava, igual también es culpa mía, pero mi yo acusica señala claramente a la velocidad de obturación, que es un poco ñiñi y se las sabe todas.
domingo, 1 de septiembre de 2013
sábado, 31 de agosto de 2013
365 irrefutables razones que nos llevan a pensar que los mayas tenían razón y el fin del mundo llegó el 21/12/12 (XXXV)
239) Roland Emmerich
240) Porque Arnold Bedford se había propuesto tres metas en esta vida: plantar un libro, escribir un hijo y tener un árbol.
La primera fue fácil: cogió "El Barón Rampante" de la biblioteca de su primo, se fue al campo un jueves que no había nadie y cavó para ocultar aquella fantasía inmejorable de Calvino.
La segunda fue, si cabe, muchísimo más fácil. Cogió uno folio impreso con un billete de Renfe que usó el mes pasado, le dio la vuelta y escribió: "Un hijo".
Pero la tercera meta no era tan fácil. Podía haberle comprado un algarrobo a Matías, su vecino argentino, pero él quería tenerlo él, dar a luz, parir un árbol. Durante meses hizo el amor con eucaliptos, con higueras, con acacias o cipreses pero nada. Intentó la fecundación in vitro en una clínica de Boston donde sencillamente le estafaron pues la resina inseminada no parecía ser de la máxima calidad.
Y él, no conforme con defecar y llamar a aquello "plantar un pino", se sintió estafado, triste, humillado y perdido. Se sintió, sin ir más lejos, como un alcornoque. Y paseaba así por el extrarradio de Northamtpon cuando divisó un bosque entero de alcornoques como él, que agitaban sus ramas, guiñaban sus ojos y meneaban sus troncos.
Lo que no sabía Roland es que hacer el amor con un bosque era una de las tres normas no escritas que estaban prohibidas en el condado de Northampton, así que convocaron el juicio final y le dieron un abogado de oficio, de modo que la cosa estaba cruda.
241) Porque no mucho después llegaron los ecos de un "pero sé que en mis brazos, yo te tuve ayer".
242) Porque las autoridades sanitarias advertían, advertían, pero pareciera que no se tomaran en serio las cosas.
Lo pusieron en las cajetillas de metacrilato: el fin del mundo puede ser perjudicial para la salud.
Lo pusieron, con fotos, en el dorso de las tarjetas de embarque de vueling: el fin del mundo (y se veían tormentas, volcanes, tsunamis, ciclones, tornados y maremotos) puede ser perjudicial para la salud.
Lo pusieron en vallas publicitarias al lado de rotondas sin sentido, lo pusieron en los anuncios de la tele tras quince minutos de coches, móviles y colonias, lo pusieron como tatuaje obligatorio de cada diez mil niños nacidos uno.
Y nada.
Menos multas y más vigilar a los mayas, pero ellos no. Curarse en salud y luego pasa lo que pasa.
243) Entonces Liamos Fideos Isleños Negros DEL Mismo Uraño Narcisista De Obama.
244) Porque se pusieron a jugar al escondite Roberto Peña, Marta Cubillo y el fin del mundo. Roberto era ciego y se despeñaba por los pequeños terraplenes que había en el descampado del barrio de Miraflores, haciéndose heridas que curaban tarde porque su madre no tenía agua oxigenada. Pero Marta era mucha Marta. Marta tenía olfato de sabueso y mirada de lince, y no se le escapaba una. Así que por mucho que el fin del mundo se hubiera escondido debajo de la tierra, restregando sus dedos con resina y tratando de oler a tierra y musgo seco, ella se acercaba por detrás ponía sus manos de uñas nacaradas en el hombro y decía: te toca, fin del mundo.
Y qué iba a hacer él sino dejarse llevar.
245) Porque se acabó la diversión. Llegó el comandante y mandó parar.
viernes, 30 de agosto de 2013
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